Nos marchamos de Yanshuo, dejando atrás sus preciosas montañas, en busca de los bancales de arroz, nuestro destino es el conocido El espinazo del dragón, para ello debemos de ir a Guilin, en bus, otro bus hasta Longshen, un taxi hasta Dazhai y una hora de caminata por la montaña, pinta duro.
Como anécdota contaros, que en varios trayectos que hemos hecho en bus, no sabemos si es que ha sido casualidad o que es costumbre aquí, los autobuses en mitad del trayecto se paran a que el conductor limpie su autobús, esto en España es impensable! Así que nada, todo el mundo esperando a que el señor conductor lave tranquilamente su autobús, pare nuevamente a llenar de gasolina, o a comprarse una sopa por el camino, increíble! Como para tener prisa!
Cuando llegamos a Longshen nos informamos de que para llegar a Dazhai solo había un bus al día por la mañana, por lo tanto nos tocaba ir en taxi, tras regatear con todos, cogimos al más barato, pero no os lo perdáis, íbamos asaditos de calor en el taxi, le decimos que ponga el aire acondicionado y el taxista nos dice que si queremos aire tenemos que pagar más dinero, serán cutres! Como no estábamos dispuestos a darle más dinero, pues ala! Los tres a pasar calor…
Otra cosa que nos sorprendió es que al antes de llegar a Dazhai, había una especie de aduana, y una azafata que hablaba bien ingles nos informó que si queríamos continuar debíamos abonar 8 euros por persona para poder entrar al pueblo…
Nada más llegar al pueblo, sin poder continuar porque todo era ya montaña y el taxi no podía subir, nos abordaron un montón de señoras, de todas las edades pero sobre todo muy mayores, ofreciéndose como serpas, es decir, para cargar con nuestros pesados equipajes, por un módico precio nos llevaron las mochilas al hostel, que estaba más allá de donde vivía Heidi, montaña pa`arriba, miles de escalones improvisados de piedras, por unas cuestas bastantes empinadas, y las abuelillas con nuestras mochilas echaban patas como cabras en el monte, nosotros con la lengua afuera, se nos hizo de noche, una hora de caminata por 3 euros. ¡Demasiado para el día de hoy!
Por fin al llegar, tuvimos la mala sorpresa de que esa noche nos tocaba dormir sin comodidades, bueno es parte de la aventura, no? La cama era una tabla de madera forrada con una sabana!! Pero con cansancio todo vale..
Por la mañana pudimos disfrutar del paisaje que se avistaba desde nuestro dormitorio, los campos de arroz estaban verdes verdes.
Tras lavarnos la cara en el baño, que merece un par de frases, el baño era minúsculo, la alcachofa de la ducha colgaba en la pared, y solo te podías duchar sentado en el wc porque no había espacio, y si abrías el grifo del lavabo el agua no se iba por el desagüe porque directamente no había desagüe por lo tanto el agua sucia volvía a caer por el suelo entre tus pies, horroroso!
Bueno una vez listos y con nuevas picaduras de mosquitos… salimos a pasear entre las terrazas del arroz, una pena que ya todo estuviera plantado, nos hubiera gustado ver a la gente trabajando en la tierra. Disfrutamos todo el día entre los montes, y recorrimos las escasas calles de la pequeña aldea, allí habitan las mujeres famosas por no cortarse el pelo nunca, y charlamos con algún viejo chino. Todo era súper autentico, así que decidimos no ir a Pin´an que es la aldea famosa por realizar los show de las mujeres del pelo largo, pero pasando del turisteo preferimos mezclarnos con los locales.
Contacto con la naturaleza y contemplación de la belleza, tras estos días de relax nos vamos a Guilin a pasar una noche para finalmente regresar a Beijing.
En Guilin, dormimos en el hotel de enfrente de la estación, y pudimos comer Mcdonals hasta hartarnos en nuestra habitación, ya que nos trajeron las hamburguesas al dormitorio gracias a la amable subdirectora del hotel que nos atendió, tras charlar con la family por el skype ¡gran invento! Nos fuimos a dormir, que al día siguiente nos esperaban otras 22 horas de viaje en litera dura en el tren hacia Pekín!!!!
No hay comentarios:
Publicar un comentario